Episodio 6: Experiencias y Preguntas


Hay quien dice aquello de acumula experiencias y no cosas para ser realmente feliz.
Multiapasionada.
Siempre he sido una persona que va un poco a salto de mata. Desde pequeña he desarrollado y perdido interés por docenas de actividades diferentes a una velocidad de vértigo. Probablemente la escritura y el movimiento (ya sea en forma de danza, yoga, gimnasia o terapia) hayan sido las únicas constantes.
En retrospectiva, y quizás para no sentir que abandono cosas sin terminar, creo que en realidad es que soy una persona «curiosa-activa», es decir, cuando algo llama mi atención quiero probarlo un tiempo sin que eso suponga ningún compromiso ni me defina.
Prefiero verme como una «tester» que como una «quitter», claro está.

De hecho hace unos días escuché a Mark Zuckerberg dar el siguiente consejo:
«Explora lo que quieres hacer antes de comprometerte»

Lo bueno de este acercamiento a hobbies, trabajos, estudios y experiencias es que a día de hoy, a casi mis cuarenta, lo he probado casi todo (incluso aquello que se te acaba de pasar por la cabeza seguramente también) y no siento que me haya perdido nada ni en lo personal ni en lo profesional.
Hace unos días Iván de Benito nos preguntaba en su instagram cuál es nuestra definición del éxito, quizás esta sea la mía.
Me siento con éxito y me siento abundante.
Aún así, si me vuelvo brutalmente honesta, y esa es condición sin e qua non en todo camino de autoconocimiento, tengo una tarea pendiente, de las que no puedes llegar, probar e irte, y en esa es en la que llevo inmiscuida desde que decidí tomarme el famoso año sabático: quererme y respetarme a todos los niveles.
Este es un trabajo continuo que requiere de introspección y escucha constantes. Para ello utilizo diferentes herramientas de manera simultánea. Te conté alguna de ellas en el primer episodio que titulé «Entraizamiento y Autocuidado».
El primer reto que se nos presenta cuando decidimos entrar en el complejo mundo de la personalidad, las actitudes y los patrones mentales con el objetivo de conocernos mejor es diferenciar entre amor propio y la soberbia, el respeto a una misma y el egoísmo, también la paciencia con la no-acción e incluso el autocuidado con la indulgencia.
Observar miedos y motivaciones más allá de las apariencias. Sanar heridas del pasado sin soltar la responsabilidad propia, escuchar lo que nos decimos en el presente y visualizar alternativas no paranoicas ni escapistas del futuro.
Ver el teatro mental con sensatez y sin drama, analizar desde el estudio y la honestidad, sin fantasear ni echar balones fuera. Psicoanálisis en toda regla.
¿Cómo voy a quererme y respetarme sin antes conocerme a fondo? ¿Cómo puedes entregarle lo mejor a alguien, escucharle y darle el espacio que necesita si no le permites que te hable primero?
Considero imprescindible darnos espacio para reconocer cuándo y por qué nos aferramos a ciertos personajes como te conté la semana pasada en el episodio cinco «Personajes y Silencio». Desapegarme de ellos para comprender su historia, desarrollar la paciencia que requiere desmadejar emociones, creencias y sentimientos, alimentar el valor necesario para no huir de las escenas más dolorosas.
A día de hoy creo que es comprometiéndonos en este trabajo de autoescucha (sin salirnos por la tangente a la mínima de cambio) y entregándonos literalmente en cuerpo y alma al amor y el respeto hacia uno mismo, que conseguiremos vivir en la calma, el equilibrio, sentir la satisfacción del éxito y poder, desde ahí, desarrollarnos de la mejor manera posible. De este modo podremos entregarnos al mundo desde la abundancia.
He dicho ya al principio de este episodio que me siento con éxito y abundancia. Ambas palabras muy de moda que en realidad significan lo que cada uno de nosotros haya construido en su mente al respecto.
Desde mi punto de vista tanto el éxito como la abundancia son los únicos estados (normalmente de la mano) desde los que realmente podemos querernos, cuidarnos y participar de una sociedad amorosa y compasiva.
Pero Lou, eso suena bonito pero es un poco como una utopía… me dirás. Ok, te oigo.
Alguien escribió en su momento la siguiente frase que creo que describe muy bien la motivación detrás de todo esto:
«El horizonte es una línea imaginaria, pero caminar hacia él nos permite seguir avanzando».
Para cerrar no quiero terminar el episodio de esta semana sin darte algo que masticar después de la disertación, y es lo siguiente:
Cada vez que algo se sienta mal: una conversación, una situación, un pensamiento… te animo a que te preguntes ¿por qué lo siento así? ¿qué significado le estoy dando? ¿es un reflejo de mi estado interno? ¿es necesario hacer algo al respecto? ¿fuera o dentro? ¿desde qué motivación y con qué objetivo? y una vez encontradas las respuestas sigue preguntando: Estas respuestas ¿cómo me hacen sentir? ¿qué descubro de mí misma en ellas?
Sé que no es sencillo que en cada diatriba te pares a hacerte el cuestionario y menos aún si te quedas con la idea pero no la pones en práctica de manera consistente. Igualmente, en la soledad de tus momentos de reflexión puedes retomar la situación vivida con distancia y considerar estas preguntas como pilares para tu evolución personal.
¿Mi objetivo? Vivir mejor, en salud, en calma personal, profesional y social ¿cuál es el tuyo y cómo estás caminando hacia él? Me encantará escucharte.

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