Levantarte cada mañana y sentirte agobiada o despertarte y permitir que tu hogar te arrope. Tu hogar es tu templo o tu pesadilla, tú decides.

Decidí escribir este artículo antes de que nos encerrasen en casa en cuarentena, no veo mejor momento que ahora para que las casualidades de la vida sean atendidas.Tu hogar es tu templo… o debería serlo. Más aún en estas fechas.

Conozco infinidad de mujeres que, según sus propias palabras “odian” hacer las tareas de casa. Es un sentimiento con el que no puedo empatizar, no porque no quiera sino porque sinceramente no me lo creo. ¿Cómo puedes odiar cuidar aquello que te da cobijo y abrigo?

Probablemente (y esta soy yo haciendo un malabarismo entre psicología de baratillo y mis suposiciones personales) el odio no tiene que ver con las labores del hogar, quizás tiene que ver con sentir que «tienes que», con el estar cansada y ver que se te comen las tareas por hacer, con el ver que hagas lo que hagas siempre hay algo más, que lo tienes que hacer tú todo y ese diálogo interno que te vuelve rabiosa y/o apática.

No, no creo que odies las labores del hogar de por sí. Creo que odias el significado que le das a las tareas.

Sabes que siempre puedes darle un significado que despierte otras emociones.

  • Cuidar en lugar de limpiar.
  • Gestionar imprevistos en lugar de apagar fuegos.
  • Mantener en lugar de aguantar.
  • Tu hogar en lugar de la casa.

La semántica y la ligüística conforman nuestra realidad, y si no que se lo pregunten a los maestros en sociología.

Tu hogar es tu templo. Ese lugar donde descansas después de un largo día de trabajo, donde acoges a los tuyos con amor, donde construyes aventuras, planes, donde sueñas, lloras, ries y renaces cada primavera.

Quizás es cuestión de creencias.

Creer que cuando algo está limpio debería mantenerse limpio no es realista. O todo lo contrario, creer que si se va a ensuciar de nuevo… pues para qué limpiarlo es un error garrafal higiénico obvio. Si quieres un chute de motivación mírate los capítulos de la serie «How Clean is your Home» donde cuentan la cantidad de alérgenos, ácaros y otras putrefacciones varias que se gestan en las casas sucias.

Otra creencia que no ayuda es sentir que la casa es tuya, que las labores del hogar son tu obligación única y que esto solo funciona si me altero, saco la bara y comienzo a dar órdenes del tipo “saca-me la basura”, “limpia-me los platos” y ordenes así. Quiero pensar que estas cosas son más de la generación de nuestras madres, aunque se lo oigo a mujeres en sus treinta.

Tu hogar es tu templo, pero también el templo de tus hijos y de tu pareja si los tienes.

No todo puede (ni debe) estar a tu gusto, cuando tú quieras y como tú quieras. Esto aplica para la perfección y para el caos. Ordenar un salón o fregar unos platos no va de ti, tus ganas y las “faenas”, va de higiene, de respetar a los tuyos, de amar tu hogar.

El problema de no cuidar nuestro templo es obvio. Se nos come. Yo abogo por tomar el control de nuestro hogar, no desde el látigo ni la llamada militar sino desde el amor y el cuidado. Si un día no apetece hacer algo no pasa nada, pero si por sistema vamos un poco a la que salta, apagando fuegos y pegando gritos… bueno, pues ya tu sabes.

Reclama tu hogar como lugar de bienestar y para eso el orden y la limpieza son imprescindibles. Cada una tendrá sus mínimos, pero los mínimos deben estar ahí si no quieres acabar odiando no solo las tareas sino tu hogar y tu familia porque no ayudan y bla bla bla que te cuentes en la cabeza.

¿Qué tiene que ver todo esto con la productividad? Te dirás.

    Un hogar en orden es un hogar que te mantiene el coco en orden.
    Un coco en orden permite estar relajada, concentrada y en calma.
    Una mente en calma ve claramente qué, cuándo y cuánto hay que hacer y lo ataca con paciencia y pensamiento crítico.

Otra cosa interesante, empatía.

Si tus hijos están en el cole 8 horas, más otra de extraescolares, luego va la tarea que les hayan mandado, los exámenes… pues obviamente no tienen ganas de atender la casa, están reventados y no sienten que esa sea su responsabilidad.

Cómo lidies con su educación no es mi asunto, pero entiende la realidad de su foco y su energía: hasta hoy les has dicho que están en tu casa y que su cuarto debe estar como tú quieras. Eso agobia al más pintado y más a un adolescente que intenta encontrar el equilibrio entre sus dudas existenciales, las notas y su madre repirándole en la nuca.

Si tu marido se pasa 10 horas fuera de casa y tu trabajas 4 o trabajas desde casa, es de recibo que os dividáis las tareas acorde con el tiempo y la enegía de cada uno. Eps!! Lo mismo a la inversa eh?

Digo yo, no sé.

Tu hogar es tu templo, pero también el de tus hijos y tu pareja. Me repito.

¿Cuando piensas en tu hogar, qué tipo de sentimiento despierta? ¿Sientes que es tuyo? ¿estás invadida? Porque este es también un sentimiento muy recurrente: todo te molesta.

Cuéntame si lo que digo te resuena o nada en absoluto. Si eres de estas personas que “odian” las faenas del hogar y si en algún momento has intentado ahondar en qué es realmente lo que odias.

Yo amo mi hogar, porque lo he decidido así, estas cosas no salen solas. La apatía y el abandono salen solos, el amor hay que currárselo.

El piso a veces está más limpio, a veces más sucio, a veces hay ropa en el suelo, a veces tenemos flores… pero el amor, la responsabilidad y las ganas de cuidarlo están ahí siempre, porque el sentimiento de base es de amor.

El vikingo y yo tenemos un reparto muy desigual de tareas, pero ha sido hablado, acordado y aceptado, porque tiene sentido para nosotros. Quizás quieras sentarte con tu pareja y ver cómo recuperáis lo que debería ser el famoso “nidito de amor”.

A lo mejor simplemente necesitas empezar de a poquito y crear nuevas rutinas, no sé qué necesitas, no te conozco. Pero si eres de las que el hogar ni fu ni fa, las tareas pffff y lo que te cuento te da urticaria, te pregunto ¿no quieres retomar el control de tu hogar? ¿no quieres darte un espacio donde sentirte arropada y en paz? porque lo creas o no, tu hogar es tu tempo.

Recuerda, este artículo pertenece a una serie de posts sobre productividad, puedes leer los dos anteriores aquí:
Conocer tus Debilidades
Hacer Menos para Conseguir Más»

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